lunes, octubre 13, 2014

La habladora

Doblando por esquinas donde lo arquitectónicamente genérico se confunde con lo exótico, se encuentra quien escribe con una residencia que al parecer decide olvidar que tiene un segundo nivel, como si la ignorancia hiciera que el mismo, con el tiempo, se terminara de destruir más rápido. Sin proponérselo siquiera, quien escribe se detiene a verla, por unos segundos tal vez, cuando el balcón de madera carcomida que se cae a pedazos toma forma de boca para pronunciar palabras en una voz más bien profunda y cansada: "Tú que me ves, ¿puedes decirle a los de abajo que estoy aquí?". Quien escribe no sale de su asombro: "¿Qué? ¿Y acaso no lo saben?" "¿Me vas a ayudar o no?" refunfuña la estructura, "diles que estoy aquí". Tras segundos de incómodo silencio, quien escribe da media vuelta y sigue su camino. Ya demasiadas cosas tiene uno que ver en el día para encima aguantar regaños de antiguas casas parlanchinas.

lunes, septiembre 15, 2014

Recuerdos de "La Ostra"

Recuerdos de la obra teatral "La Ostra", escrita y dirigida por Gerardo -El Cuervo- Mercedes del Circuito Cultural Caramaná durante su participación en el Festival de Teatro Internacional Santo Domingo 2014. Primero en los camerinos, donde actores ensayan un texto que se rehúsa a salir como fue originalmente escrito. Luego en escena, espacio donde las cosas simplemente suceden.


No en balde las tablas tienen tanta magia.

lunes, agosto 25, 2014

In Memoriam Jorge Royan

La primera vez que Jorge Royan se refirió a mi, lo hizo sin ni siquiera saberlo. Era julio del 2012, y estábamos en la fase final de un taller del Simposio de Urban Sketchers, en Santo Domingo. Todos los participantes teníamos nuestros sketchbooks abiertos sobre el piso para una evaluación grupal, y tras acomodarse las gafas montadas en la nariz, Jorge Royan señaló mi humilde libreta en espiral, haciéndole sumisa compañía a los Moleskines de tapa negra y dura (y caros) de los demás compañeros. “Así es como vos reconocés a un amateur”, dijo para adornarme como ejemplo en la idea que expresaba, “los profesionales nunca usan espiral, porque es muy fácil arrancarles la hoja. Los profesionales llevan sus errores consigo”. Me volví a mirarlo, ofendido. “Este tipo está loco” pensaba, “yo no soy ningún amateur. Llevo muchos años dibujando para que me digan eso. Argentino arrogante…(entre otros improperios no aptos para publicación)”.  El transcurso del día, sin embargo, disipó mi momentánea ofensa y todo siguió su habitual curso.
En las semanas subsiguientes al término del Simposio, la tradicional caza en redes sociales de los participantes con la que se tuvo alguna relación se llevó a cabo, y entre los nuevos contactos que se abultaban en mi renovada lista de amigos cibernéticos, la cara de Jorge Royan se lucía sonriente al lado de las demás miniaturas de amigos de Facebook. Un rápido intercambio de líneas resultó en otro casi inmediatamente después, y de buenas a primeras, me veía sosteniendo con Jorge Royan interesantísimas conversaciones facebuqueras que rondaban todos los temas desde dibujo, jazz, hasta el ranking burocrático de los Caballeros Jedi. Me convertí involuntariamente en admirador de su cortazariana-sin-complicaciones forma de ver el mundo y sus estructuras (en la cual me identificaba que fuésemos colegas por el lado de la arquitectura además), su aguda inteligencia la cual mezclaba con un sentido del humor muy de salón, pero sobretodo, sus dibujos. Sus dibujos, man. El nivel de detalle, la vida que expresaban, la mano segura detrás de los mismos, su manera de manejar la perspectiva (¿dije ya que era arquitecto?). Yo admiraba la desquiciada técnica de sus trabajos, él decía admiraba mi narrativa. Me resultaba abrumador creerle, pero era genial leerle mientras lo escribía.
Uno de los deseos en mi “Lista de cosas de hacer antes de morir”  era el toparme con Jorge Royan en vivo, tal vez en algún Sketchcrawl, y sacarle en cara el episodio del Simposio en Santo Domingo; que era yo a quien había tildado de amateur por mi libreta en espiral (la cual tenía por haber sido un regalo, que conste), y ver qué decía. A lo mejor se reía, hacía algún comentario de esos incisivos pero brillantes, y bromearíamos sobre el episodio el resto de la velada.  Hubiese sido realmente gracioso. El punto gris de todo esto es que ya no me será posible. Su sorpresivo fallecimiento ha sumido en luto la comunidad sketcher que seguían tanto su trabajo como comentarios y a mí, en igual sorpresa, me ha hecho tachar de la lista el deseo de ajuste de cuentas.  Lo veloz de los acontecimientos también me ha producido, como a todos los que recibimos la noticia, estupor.
Royan será extrañado, como lo es todo aquel que hace el esfuerzo de sacar un buen trabajo en este mundo de pseudoartistas y gustos subjetivos. Para su conveniencia, digamos que está ahora en un mejor lugar que éste. Los dibujos que puede sacar resultado de su ubicación actual serían realmente increíbles, y eso es algo que a mí me gustaría ver de tener la oportunidad. Descanse en paz, aunque quienes lo conocían decían que en paz siempre estuvo, de manera que no es que haya mucha diferencia ahora tampoco. Los que deben adaptarse son los que quedan de este lado, los que llevamos nuestros errores con nosotros. Esos que sobretodo, evitan usar libretas en espiral.

lunes, febrero 24, 2014

R30D - #30:Representación visual de nuestra imaginación

(30/30e). Ya lo reza el dicho: no hay nada nuevo bajo el sol. En lo particular nunca intento reinventar la rueda, hay tanta cosa interesante en el amplio universo que existe un poco más allá de los tres metros que significan nuestra zona de confort personal que es hasta iluminador -por no decir entretenido- ver qué tanto se puede recoger de lo que me guste y mezclarlo todo en la batidora que se forma entre la experiencia y las circunstancias. Tal vez los ingredientes que compongan la receta sean lo más usado y repetido del mundo, pero hay una buena oportunidad de que el plato que resulte de ahí tenga su toque característicamente individual, y por ende, distinto. Es por eso, nada más, que el proceso siempre sigue. Y sigue. Y sigue. Y seguirá hasta no detenerse nunca, incluso mucho después de haber yo pasado y venir otros detrás de mi, como lo hicieron miles también antes que yo, para mezclar todo lo que vieron, olieron y sintieron en un resultado que en ese momento hizo eco en sus almas, y a lo mejor, si tuvieron suerte, hasta en las de los demás. Eso, para mí, es hermoso.

R30D - #29: Un monumento del mundo con vida propia causando estragos en la ciudad más cercana

(29/30e). Y aconteció que el ángel simplemente perdió la paciencia. Desde lo alto de su torre, de donde miraba impasible los techos de la ciudad que se expandía desordenada alrededor suyo, decidió que no podía aguantarlo más. Violó su orden de no interferir en los minúsculos dramas de las personas que desde su altura se veían como hormigas en movimiento, cerró los ojos, y cambió la posición de los brazos que antes apuntaban al cielo como pidiendo al Señor entre las nubes un poco de paciencia extra, en dirección hacia las calles. Pobló sus manos de armas, pidió por la salvación de su alma, y empezó a disparar. Los habitantes de la ciudad no comprendieron, en su espanto, que tal vez la agresión del ángel que estaban acostumbrados a ver todos los días inmóvil y distraído en la cima del monumento estaba plenamente justificada. Eran, por decisión divina, culpables.

domingo, febrero 23, 2014

R30D - #28: Un alien que parezca muy destructivo, pero que en realidad sea muy pacífico



(28/30e). Más allá de las cercas, no tanto en las afueras de la ciudad sino en el mismo centro de ella, viéndolo desde la periferia, los extraterrestres habían hecho de los altos edificios de acero su hogar de verano. Las viejas casas de concreto con techos en teja no les hacían mucha gracia; la humana modernidad de los rascacielos les recordaban mejor una tosca y primitiva parte de su propia historia, miles de años luz en el tiempo, y por eso los preferían. Era el equivalente de sentirse en casa de la abuela, muy lejos de ella. En las afueras, la humanidad miraba con terror los nuevos visitantes que se apoderaban de sus residencias y calles y planeaban silenciosos un motín de retaliación, pero en verdad su miedo era injustificado. Salieron corriendo apenas vieron naves espaciales y seres de siete pies con aspecto de monstruos saliendo de las mismas, cuando la realidad es que los extraterrestres sólo quieren jugar y hacer amigos. Es de suponer que no lograron entenderse entre ellos. Tal vez tampoco hicieron nunca el intento.

sábado, febrero 22, 2014

R30D - #27: Un anciano practicando Kung Fu

(27-30e). A lo largo de los siglos, practicantes del Kung Fu incorporaron a sus técnicas de pelea modalidades inspiradas en los animales, tantas que al final tuvieron que reunirlas en cinco grupos, cada uno representando la "filosofía" que persiguen. Estos serían: el Tigre (poder y velocidad), la Grulla (velocidad y fluidez), la Serpiente (precisión), el Leopardo (estrategia) y el Dragón (maestría sobre todos los estilos, para hacerlos uno solo). Todo este zoológico de habilidades lo que persigue no son las formas creativas de dejar inválidos y parapléjicos a los enemigos -lo que no se descarta en absoluto-, sino lo contrario: el balance necesario para evitar la lucha. El punto vacío que existe entre lo duro y lo suave, la ferocidad y la calma. Según los maestros barbudos de túnicas naranja, el Kung Fu es más para servir como respiradero mental que libera a su usuario de la tensión y lo ayuda a mantener a calma, especialmente en momentos difíciles. El dejarle dos o tres dientes rotos a alguien en el camino mientras esto se logra es sólo un desafortunado efecto secundario.

viernes, febrero 21, 2014

R30D - #26: Un animal que no existe


(26/30e). Lo típico: vas caminando por el bosque, una noche de esas tan oscuras en que no distingues si lo que tienes enfrente son troncos de árboles o de personas, cuando de repente sientes el aleteo del lobo búho que se te acerca a toda velocidad. De nada vale correr: está hambriento, enojado y las alas de búho le dan una velocidad mucho, mucho más rápida que la tuya propia. Un episodio normal en el bosque. Nada raro.